Somos cíclopes

No somos nada, pero nos volvemos cíclopes apenas callamos y nos acercamos para guardar silencio. Cíclopes que descifran significados entre líneas de música que sólo así adquieren sentido. Nos volvemos siluetas borrosas que se respiran mientras descubren nuevas formas y texturas bajo la noche, en cualquier lugar, en donde estemos. Seres mitológicos que se quieren una vez cada mil años, pero que se olvidan apenas sale el sol. Individuos sujetos a una despedida que se repite una y otra vez, pero que no llega, pues nos aferramos a un par de versos para tratar de mantener el equilibrio mientras jugamos rayuela.

Dos razones por las que no me gusta prestar mis libros

Seamos honestos: ¿a quién le gusta prestar sus cosas favoritas? A menos de que tengas un desapego nivel Buda, no sentirás remordimiento alguno por poner en manos de alguien más, ese objeto preciado que tanto te ha enseñado. No es una cuestión de egoísmo y amor a lo material, sino de puro y llano hábito de cuidar las cosas, y más, las que se disfrutan tanto.

Hay dos razones fundamentales por las que no me gusta prestar mis libros. La primera de ellas fue gracias a un buen amigo, quien me dio una gran lección de vida: dejó de prestarme sus libros. No es que él fuera un tacaño, como pensé antes de que me diera la razón de tan tajante decisión: “quiero que aprendas a comprar libros y te comprometas a hacerlo”. Desde ese día, uno de mis momentos favoritos en la vida es con libros, así que trato de transmitir su enseñanza.

La segunda razón tiene que ver con lo que debería ser una ley universal dentro de cualquier convivencia social: si pides algo prestado, debes devolverlo en las mismas condiciones como lo recibiste. Sabemos que esto no siempre es así, y lo confirmamos cuando ese voto de confianza se devuelve en forma de páginas dobladas y manchadas, cuya pasta maltratada no se parece en nada a ese libro que prestamos alguna vez. Y lo peor es cuando ni siquiera ha sido utilizado para cumplir su función primordial: “es que tu libro está muy fumado” o “ni he tenido tiempo de leerlo”. Pfff… Debo confesar que he aprendido a la mala.

Sin embargo, no todo está perdido. Si alguna vez decido prestarte un libro, es muy probable que me caigas tan bien, que he decidido darte ese voto de buena fe que toda amistad debe tener, o porque de plano, tanto el autor como la historia, así lo demeritan.

Así es siempre

Es una mañana más y la alarma vuelve a sonar. Te levantas y lo primero que decides es qué ropa te pondrás: pantalón de gabardina o alguno más formal; camisa a cuadros o de plano la que, crees, te hace lucir más esbelto; los zapatos negros o los de gamuza… da igual. Esa mañana eliges desayunar la opción saludable, pero terminas complementando con algo más llenador. Llegas a la oficina y decides no hablarle, continuar con el veto, ahora le toca a ella tomar la iniciativa, piensas. Te sientas en tu escritorio, enciendes la computadora y te pones a ‘pendejear’ antes de revisar los pendientes, pero entonces la mañana se fue al carajo, cuando te enteras que en su último viaje, ella se la pasó de lo mejor con su amigo: hay algo entre ellos, supones, no hay duda. Decides que el día no puede estar más jodido después de recibir una llamada de tu jefe preguntando por el proyecto que no has entregado. Te levantas y sales a la terraza, sacas un cigarro y lo enciendes, pues decidiste que volver a fumar es lo mejor para tus ataques de ansiedad. El humo invade tus pulmones, la nicotina llega a tu cerebro, tu presión arterial aumenta y sientes que tu corazón al fin late. Tu cabeza está llena de ideas con las que intentas no lidiar; sabes que la situación está a punto de tragarte, así que barajeas la posibilidad de moverte de trabajo, cambiar de rumbos y de aires. Sabes que la decisión es arriesgada, que tu edad ya es un factor en tu contra, que con el tiempo podrías arrepentirte, así que buscas mil justificaciones para hacerlo, un plan A y uno B, intuyes que puedes lograrlo, pero tienes la certeza de que será difícil y entonces temes y dudas. En eso recuerdas sus besos en el auto bajo la lluvia, en la cafetería, en el concierto, en el cine y reafirmas que había magia en ello, sensación de gloria que se la lleva el diablo cuando retumba en tu cabeza aquel “no hay nada entre nosotros” que arrojó alguna vez con seguridad de dudosa procedencia, porque ya sospechabas algo, pero lo que más te jodió fue aquella llamada que recibió en su cumpleaños y que le hizo la noche. Sacudes tu cabeza y el oxígeno que llega te tranquiliza. Decides no renunciar por ahora y aguantar un poco más, pues no es el momento; te relajas. Vuelves a tu lugar y miras a tu compañera de al lado que hoy se ve mejor que otros días, pero apenas comienza a hablarte pierdes interés. Te pones a trabajar y decides terminar el día cuanto antes para huir y buscar a tus amigos, quienes en último momento cancelan porque tienen que estar con sus hijos y esposas. No importa, dices, y cambias de dirección para ir a buscarla. Estás convencido de que ella no se negará, nunca lo ha hecho desde que la conociste y desde que decidiste cuidar de ella, cuatro años menor y madre de hijos paridos en partos naturales: “me dan miedo las operaciones”, dijo alguna vez. Si hubiera una diosa de la fertilidad, imaginas que tendría un vientre como el de ella, sin cicatrices y apenas con un ligero monte que desaparece cuando está acostada desnuda sobre la cama; también tendría sus piernas y caderas; el par de senos pequeños que conservan el rastro de haber amamantado a más de un hijo; el par de ojos cafés casi claros y su carácter determinante que se apacigua apenas te ve. Te hace el amor y tú sólo tienes sexo, pero con la intensidad y pasión que sólo eres capaz de experimentar con ella. Apenas recuperas el aliento sales de su departamento, subes al auto y emprendes la huida. Enciendes el estéreo y comienza a sonar Digital de JD. La noche aún es joven y decides buscar a Micke, a pesar de que sabes te podrían volver a encerrar. Llegas a casa y Micke ya te está esperando con cervezas. Par de melómanos empedernidos, escuchan y hablan de música, se emborrachan y fuman. Horas después, Micke yace en el sillón tendido; no sabes si viaja o duerme. Tienes la certeza de que al otro día ya no estará y de que nadie más tiene que enterarse, pero que volverá a aparecer cuando tú lo invoques, en una de esas noches llenas de vacío y desasosiego, cuando la ecuanimidad se apaga y el lobo salta, ya que sabes, siempre es así.

Santa

Santa nació en un pueblo veracruzano llamado Cuetzalan. Sus padres la nombraron así porque tardó más de tres días para nacer. La partera les decía que sólo la madre sobreviviría, pero no fue así. Cuando su padre la escuchó llorar por primera vez, lo único que hizo fue preguntar «¿qué santo se celebra hoy?». La partera, quien no daba crédito a lo que miraba, riendo a carcajadas le contestó «pues más bien santa, porque es niña». La madre, entre lágrimas de dolor y satisfacción, dijo para sí «Santa».

Lecciones en el batallón

―Te conozco a ti, Aurelio, pero tu hermano no sé qué clase de cucaracha sea ―le escupió su comandante en el batallón.

Poco tiempo después, esa misma “cucaracha” dejaría abandonada a su esposa e hijos en el camellón de una avenida. Al bajar del camión sólo les pidió que ahí lo esperaran y jamás regresó.

―Te lo dije, Aurelio, no sabemos qué clase de cucarachas son las personas. Ahí tienes a tu hermano Juventino, el cabrón que tanto me recomendaste y que ahora es un pinche desertor.

Aurelio escuchaba a su comandante sin mediar palabra alguna. Bien sabía que su superior tenía razón: su hermano era un hijo de la chingada y eso le calaba muy adentro del orgullo.

A su hermano nunca lo volvió a ver.

Cada quien sus muertos

Anoche soñé con mi hermano. Me pedía insistentemente que encendiera la luz. Él ya murió. Hace más de cincuenta años de eso, pero lo reconocí de inmediato. Se veía igual que en la foto donde aparece con mi otra hermana sujetándolo de la mano. En mi sueño yo no lograba encender la luz y miraba hacía el foco, y luego buscaba su rostro, pero él ya no estaba.

De aquellos años recuerdo que mi padre había encontrado un terreno por los rumbos de Aragón. La idea era tener un lugar para construir una casa poco a poco y al fin echar raíces, después de tanto peregrinar por distintos barrios de la ciudad. Pero la muerte nos sorprendió a todos. Era la época en la que el sarampión no había sido erradicado y continuaba quitándole la vida a muchos niños, entre ellas la de mi pequeño hermano. Así que lo enterramos en el panteón de este pueblo y ya no nos pudimos ir de aquí, porque es bien cierto eso que dicen, de que no eres de ninguna parte, hasta que tienes un muerto enterrando en la tierra en donde estás. Años después también enterramos a mi abuelita, así que ya no los pudimos dejar, y hasta la fecha mis padres continúan llevándoles flores a las tumbas donde están.

No sé qué va a pasar cuando mis papás ya no estén. A mí me tocará llevarle flores a ellos, pero no sé si pueda llevarle a los demás, porque hace mucho que no voy al panteón y ya ni sé dónde quedaron mi hermanito y mi abuelita. Por eso espero que mi hijo se fije bien dónde me deja cuando muera, no me vaya a perder entre tanta cruz de cemento, entre tanta lápida de concreto, entre los epitafios que desafían la memoria de los visitantes, siempre recordando nombres y fechas de quienes se pierden en la ventisca de los años, entre los vagos y casi nulos recuerdos de las generaciones familiares que se van dispersando hasta perderse en el horizonte del olvido. Porque así como la vida tiene sus leyes, también la muerte tiene las suyas, y está escrito que, al final, cada quien carga con sus muertos.

Mayo

—¿Estás bien?
—Sí, así es la vida. Algún día todos vamos a morir. —Hizo una pausa y mientras continuaba con la mirada clavada en algún punto, continuó—. Siempre pensé que pasaría mi vejez al lado de mi amiga, y mira, ya se fue.

No se lo dije, pero siempre había pensado que ella, su amiga, quien era al menos diez años menor que mi madre y que ahora estaba tendida en un féretro, me daría consuelo cuando llegara el momento. Y lo que son las cosas, es su velorio.

Abril

A primera vista, resulta absurdo sentir cierto afecto por los objetos, sobre todo por aquello de que son sólo eso, objetos. Pero también porque podría ser una vulgar demostración de lo dependientes que podemos llegar a ser de lo material. De hecho, hace poco leí una frase de esas pederas con las que la gente se azota en la pared y proyecta sus traumas. Iba más o menos así: “el apego es el origen del sufrimiento”.

No sé si el apego sea el origen o el camino hacia el sufrimiento, de hecho no me interesa saberlo, pero quería mencionar la frase. De lo que sí estoy seguro, es que todos los días interactuamos con ciertos artefactos que nos ayudan a sobrellevar la rutina, y no queda otra mas que cogerles cariño y hasta rendirles culto, pues su simple ausencia podría “complicarnos” nuestra existencia. Así nuestro nivel de dependencia.

Ahora entiendo por qué el mismísimo José Alfredo Jiménez osó en componerle una canción a una carcacha de color blanco que lo anduvo trayendo de arriba a abajo en una accidentada gira artística por el norte del país, automóvil que literalmente terminó con el hocico hecho pedazos. Así es, aquel corrido del Caballo Blanco que salió un día domingo de Guanatos y que llegó hasta Ensenada, es en realidad la representación metafórica de un Chrysler ’57 de color blanco.

Quizás debería escribirle una canción al Neón blanco que acabo de vender, o un soneto, o por lo menos un poema de esos épicos y de aventuras increíbles, aunque no haya más allá de un viaje hasta Tulum desde la Ciudad de México y de innumerables amaneceres a través de esta caótica ciudad que, contrario a lo que se creería, es más inofensiva en las madrugadas y manejando en arterías de alta velocidad. Literalmente todo está a diez minutos. Justo en estos momentos entendí que el Eje Central no tiene fin, mientras sonaba algo de Groove Armada y de The Chemical Brothers.

Aquí se cierra un ciclo de casi diez años en los que mi principal compañero de aventuras fue un artefacto de cuatro llantas, cuatro cilindros y motor dos punto cero. ¡Ah!, y que no circulaba los jueves y el cuarto sábado de cada mes. Así que estas líneas son un pequeño homenaje a modo de despedida, pues al final ni eso me dio tiempo hacer.

Marzo

Aquella vez estábamos tan cerca del mar, que aún recuerdo el patrón de las olas al chocar con la playa durante las noches, una tras otra sin cesar. Había condiucido más de mil quinientos kilómetros para llegar ahí, justo donde nace el sol, justo hasta aquellas ruinas mayas a la orilla del mar.

*

Primer día de enero de un tiempo que ya no recuerdo. No así la carretera vacía con unos cuantos autos que comenzaban el año viajando. En la radio el recuento de las mejores canciones del año que acaba de terminar, transmisión que es interrumpida por las montañas que comenzaban a rodear el paisaje hacia Puebla.

*

En aquel viaje no sólo conocí los diferentes estados de la materia bajo las cuales se puede conducir: agua, hielo, niebla. Recuerdo la bruma que eran tan espesa como los silencios que de pronto nos invadían después de tanto hablar, reír y discutir, porque en un viaje tan largo como éste, estos estados también se experimentan.

*

A lo largo del camino, la velocidad es una constante que con el pasar de los minutos y las horas se vuelve imperceptible. De vez en cuando una curva que amerita disminuir la aceleración, pero nada de consideración, a menos de que las inclemencias del clima digan lo contrario, como aquel paso por Tabasco en donde era brutal la cantidad de agua que caía del cielo.

*

Y disfrutar de aquel silencio mientras tú dormías. No querías cerrar los ojos, pero al final el sueño te vencía, aunque no soltabas el mapa que llevabas en las manos, con el que cuidabas celosamente que siguiéramos la ruta correcta. Mientras yo no soltaba las manos del volante, ni la vista de la carretera, siempre interminable.

*

De lo mejor del viaje fue descubrir aquel tramo de carretera que nos conducía en línea casi recta, a la orilla del Golfo de México, entre Campeche y Yucatán. Esa tarde supe algo que hasta ahora entendí: la vida es como un viaje en carretera, en el que entre más se conduce, más lejos se quiere llegar.

*

El tiempo es así, siempre jugándole bromas a la memoria y siendo implacable con los personajes, que terminan siendo como sombras de sí mismos, bosquejos de lo que alguna vez fueron, piezas de carbón sobre papel maltratadas por el tiempo. Fantasmas.

*

I’m tired and our traveling,
Our traveling is over.
You are so tired and our traveling,
Our traveling is over.

Febrero

¿Te cuento algo?

Que tengo ganas de decirte muchas cosas, pero no sé por dónde comenzar.

Que si observas los zapatos de alguien, puedes crear historias acerca de quien los trae puestos. No importa si son viejos, si están sucios o si están pasados de moda; siempre tienen mucho que decir.

Que si tienes un momento para observar, con calma verás cosas que nadie verá jamás.

Que los mejores inventos de la humanidad han sido la palabra, la escritura y la música, y que no hay nada mejor que compartirlas para disfrutarlas.

Que los silencios también son necesarios y también se disfrutan.

Que el momento más alegre del día está entre Toreo y San Andrés Tomatlán, aunque el viaje dure tan sólo diez minutos. Será por eso que los fines de semana son eternos.

Que si despiertas a las tres de la mañana es porque seguramente alguien te observa. Así me ocurrió el otro día, cuando al abrir los ojos a esa hora, ahí estaba ella, contemplándome, con su halo blanco atravezando mi ventana, mostrando el tatuaje de conejo que siempre lleva. ¿Alguna vez has visto su mancha en forma de conejo? ¿Le ves cara de conejo?

Que la hora más obscura de la noche es justo antes del amanecer. Lo supe una vez que manejaba de regreso a casa, justo antes de que saliera el sol. Ese día también supe que el Eje Central, además de partir a la ciudad en dos, no tiene fin.

Que esto lo comencé a escribir a las 3:33 a.m. porque algo me despertó, y que ahora creerás que desvarío con mis palabras.

Que febrero está loco y yo otro poco.

Enero

Es enero, los primeros días del mes. La gente camina entre las calles del centro histórico de la ciudad. Pienso que este día hay más personas de lo común, seguramente porque es viernes, y los viernes se antoja salir a comer a algún restaurante, o beber en alguna cantina con los amigos del trabajo. Por eso las calles están repletas de gente que va y viene en una tarde soleada que contrasta con las sombras frías que provocan los edificios, y que apenas y dejan pasar los rayos del sol. Aun con la cuesta de inicio de año, hay demasiada vida y se dejan sentir los últimos suspiros de una navidad que llegó con un invierno tan frío como hacía mucho no recordaba. El cielo es azul y aborregado, pienso que es señal de que va a temblar, mientras recuerdo a mi abuela, de quien específicamente este pronóstico suele fallar. Son casi las 4:30 de la tarde y permanezco parado afuera del Vips de la calle 16 de Septiembre, el más reciente andador peatonal en el que transita gente con el gesto de satisfacción de quien ahora puede caminar a sus anchas, por un espacio que antes se tenía que compartir con automóviles. La espera se prolonga y prefiero mirar a la gente que va y viene, que entra y sale de los locales comerciales y de comida; a las parejas que van tomadas de la mano, ríen, se besan y continúan su camino; al organillero que, mientras con una mano gira la manivela que hace funcionar su artefacto, con la otra estira su gorra para pedir cooperación voluntaria para mantener la tradición, como dice él. Las notas son de pronto impredecibles como para adivinar la melodía que emana del instrumento, pero al final destaca aquella tonada de ‘Viva mi desgracia’ y recreo en mi mente una escena con Pedro Infante en alguna de sus películas, y antes de verme perdido en las divagaciones de una reflexión por el vitoreo a las decepciones amorosas y al dolor, la postal de ese instante termina de armarse con los titubeantes pasos de una mujer que, con lágrimas en los ojos, se acerca a darle unas monedas al concertista del momento, para luego decirle, con un tono abrumador y conmovedor hasta la médula de los huesos, “gracias”. El organillero agradece con un gesto, mientras ve a la mujer marcharse. Viva Mi Desgracia continúa sonando en la caja de madera, la gente sigue su camino sin enterarse de lo que ocurrió. Al fin, una mirada encuentra la mía y me dice que es momento de que también nos perdamos entre la multitud.

Instrucciones para sabotear al sistema una vez al día

Comience preguntándose qué está dispuesto a sacrificar, pues este tipo de boicot siempre requiere de un grado de desapego esencialmente de esos hábitos que creemos normales, pero que en realidad, han contribuido a ser la clase de sociedad que ahora somos.

Debe estar dispuesto a romper la línea que une a la cotidianidad con el hábito pernicioso. Ese hábito que ha enfermado al sentido común y que ha permitido la aceptación a nivel moral de lo indebido, lo bajo y de poca calaña.

Desobedezca a la “autoridad” cuando ésta lo incite a corromper la esencia de su naturaleza. No olvide que un servidor público no es un ente intocable al que no se le toca ni con el pétalo de un cuestionamiento.

Aunque los demás lo vean raro, conviértase en un enemigo de lo fácil, de los caminos cortos y de los atajos que lo llevan a pasar por encima de la demás gente con tal de llegar primero. Darle relevancia y sentido al “no pase”, “no estacionarse”, “no fumar”, “no transar”, “lugar reservado”, podría ser un buen comienzo.

A pesar de que su uso no ha sido valorado como debería, es un hecho que la ingeniería automotriz tiene buenos motivos para seguir incluyendo en los autos último modelo, esa rudimentaria palanca al volante que llamamos “direccionales”. Si usted usa este instrumento cuando da vuelta mientras maneja, felicidades, ya está saboteando al sistema.

Usted es libre de elegir qué ver, qué leer y qué escuchar, pero nunca lo haga sin plena conocimiento de causa. Todo en este mundo tiene un costo, y aunque no lo note, tarde o temprano le llegará la factura.

Sonreír sin un motivo aparente a los demás, siempre será un acto de rebeldía y de locura, así que no olvide hacerlo en donde quiera que esté, sobre todo en espacios públicos.

Si al final usted continúa teniendo las mismas interrogantes de cómo sabotear a su país, o peor aún, el mismo nivel de desinterés e indiferencia, tenga siempre en mente esta célebre frase: “si no se es parte de la solución, entonces se es parte del problema”.

El “saludo del Poder Negro”, 1968

Saludo del Poder Negro. Octubre 16, 1968.

Muchos conocemos la imagen del saludo del Poder Negro durante las olimpiadas de 1968 en la Ciudad de México, cuando el afroamericano y estadounidense Tommie Smith, al igual que su compatriota, John Carlos (ambos ganadores de las medallas de oro y bronce, respectivamente), en el podium alzaron su puño luciendo un guante negro como señal de su rechazo a los conflictos raciales que vivía Estados Unidos, mientras el himno nacional de su país retumbaba en todo el estadio. Sin embargo, en la historia pasa casi desapercibida la participación del australiano Peter Norman, el tercer corredor que se subió al podium aquella tarde del 68, quien además de correr la carrera de su vida para ganar la plata, también participó con un gesto de protesta y solidaridad hacia sus compañeros del podium, al portar la insignia del Proyecto Olímpico por los Derechos Humanos, pues en Australia también se vivían serios problemas de racismo hacia los nativos de ese país. Por supuesto, ésta protesta le valió el desprestigio en su país natal, al igual que a Smith y Carlos.

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New Order // Playlist

Las rolas que New Order debería tocar el próximo 14 de octubre en el Corona Capital 2012, en su primer visita a México y sin Peter Hook.

1. Ceremony
2. Proccesion
3. Everything’s Gone Green
4. Temptation
5. Bizarre Love Triangle
6. Touched by the hand of God
7. Blue Monday
8. Regret
9. Thieves like us
10. Crystal

UPDATE: Al final fueron 5 de 10 rolas; nada mal. No me queda la menor duda de que lo mejor de la presentación de los británicos fue ese fugaz pero épico encore, justo cuando Sumner y compañía vuelven al escenario con ‘Atmosphere’ y ‘Love will tear us apart’ de Joy Division, acompañados de visuales en los que se proyectaron imágenes de la banda junto a Ian Curtis, para rematar con un “Joy Division forever” a lo largo de la pantalla. De lujo.

La paradoja del “peñabot”

Matrix's bots
Aunque no tienen una forma definida, los bots de Matrix son una buena versión de ellos muy al estilo sci-fi.

Me hace ruido la imagen que mediáticamente se le da al bot, ese ente informático que es lo más cercano a la inteligencia artificial; la versión más primitiva de lo que en un futuro podría ser responsable de apoderarse de todos y cada uno de los nodos a Internet a nivel global y darle vida así a lo que escritores como Asimov, Orwell y el mismo Gibson vislumbraban en sus escritos acerca del dominio de las máquinas sobre la especie humana [pero no es para asustarse, para esto aún faltan unos cuantos años más].

Aunque ahora la tendencia es creer que los bots son personas de carne y hueso, quizás jóvenes preparatorianos o universitarios que temporalmente dejaron de formar parte de las estadísticas ‘ninis’, y que se encuentran frente a un computador atascando las redes sociales de mensajes a favor de un candidato político [en contexto histórico reciente léase “peñabots”], en realidad es un término que, según la esencia del bot, resulta irónico, contradictorio y hasta paradójico usarlo para describir este fenómeno.

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Chicles, muéganos, cacahuates

“Chicles, muéganos, cacahuates”, gritó el Pelos para anunciar su turno, justo después de que el Xavi se había refinado un excelso tiro para deleite de quienes contemplábamos una cátedra de cómo se tiraba de a “huesito”, tal cómo lo hacían los más vagos que sabían cascar las piezas de sus oponentes. Pero el tiro del Pelos fue un fiasco que casi termina ahogándolo; seguro ya sentía pasos. Aquel era un verdadero duelo a muerte, sobre todo después de que el Pelos se ganara el resentimiento del Xavi al haberlo madrugado con el amor de la morra más suave de la generación. Básicamente el orgullo del vengador solitario estaba en juego. Los más cercanos a ellos lo sabíamos así. Y ahí, tendidos sobre la tierra, ambos en cuclillas, uno clavado en su objetivo preparando su puntería para su estocada final, y el otro mirando la mano de su rival como si la vida se le fuera en ello, tal vez tratando de evitar con la mirada como con una fuerza divina, lo ya casi inevitable: el desenlace que ya todos esperábamos antes de escuchar la chicharra anunciando más horas de enclaustración obligada. El Xavi tenía la inspiración de los dioses, sentía el toque divino, sabía que en treinta minutos las noticias en la escuela fluían tan rápido como la adrenalina que en ese momento corría por su cuerpo. Se sabía rodeado de las miradas de propios y extraños, de escuintles recién ingresados y de pubertos que ya iban de salida. Por ahí se colaba también la mirada de Apolinar, el conserje buena onda, y de uno que otro profesor que observaba con interés, desde lo alto del segundo piso, el remolino de chamacos. Pero eso a Xavi le daba igual, porque lo único que le importaba era que la niña, aquella quien le había dejado meses de infructuosos suspiros, burlas de sus compañeros, cartas sin respuesta, versos mal correspondidos, desaires, miradas indiferentes y domingos mal invertidos en tarjetitas, supiera que se batía en un duelo en el que prácticamente se jugaba lo último de orgullo que le quedaría durante el ciclo escolar. “Chicles, muéganos, cacahuates”, repetía la frase del Pelos una y otra vez en su mente; “es ahora o nunca”. Sólo quienes compartíamos primera fila nos dimos cuenta de lo que ocurrió en ese momento, justo después de que un trozo de vidrio, que resultó ser una mitad del “tiro” del Pelos, salía volando fuera del “cocol” ante la mirada incrédula de los que atestiguábamos tal hazaña. La otra mitad de la canica quedó ahí, quieta al igual que el Pelos, a quien le arrebataban el título del más rifado para las canicas de la escuela. Todos los que rodeábamos al Xavi no pudimos reprimir nuestro impulso de agradecer tal juego, que inmediatamente lo vitoreamos con palmadas en la espalda, al mismo tiempo que otros gritaban con euforia espontánea “chiras pelas”. El Xavi, aún sin creer lo que había logrado, recogía un “torito” obscuro que se convertiría en leyenda, para después dirigirse hacia su salón, pues alguien desde la dirección ya había accionado el artefacto anunciando que era momento de volver a clases. Qué importaba si ella, cuál quiera que haya sido su nombre, había visto tal hazaña; él ya había hecho historia. Y aunque quizás nunca lo supo, ahora, muchos años después, nunca falta quién lo siga recordando así.

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Que sólo sea el final de un principio

Hace dos meses me preguntaban si creía inminente el triunfo del candidato del PRI, Enrique Peña Nieto, en las elecciones presidenciales del próximo 1 de julio, a lo que respondí que tendría que ocurrir algo completamente extraordinario para poder competir con todo su aparato proselitista y revertir su delantera tan cuestionada por muchos.

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De esos relatos que habitan esta ciudad

En un lugar como la Ciudad de México, llena de historias que a diario recorren sus calles y avenidas, es posible encontrar de esos relatos increíbles que bien podrían caer en la categoría de “leyendas urbanas”, de esas que están llenas de lugares y personajes comunes, pero que cobran sentido cuando caemos en la cuenta de que finalmente todo rumor siempre tiene un origen, un “algo” que la hace propagarse hasta convertirse en una historia que posiblemente sí ocurrió.

A esta conclusión llegué después de que no dejaba de darme vueltas en la cabeza la conversación que tuve con Rodrigo. Si no fuera porque lo conozco desde que éramos un par de mocosos, dudaría de cada una de sus palabras. Pero esta vez no es así. Hay algo en sus ojos que jamás había visto en él; hay un vacío en su mirada que me hace pensar que todo sucedió así…

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Ezequiel 25:17

Ezequiel 25:17

The path of the righteous man is beset on all sides by the inequities of the selfish and the tyranny of evil men. Blessed is he, who in the name of charity and good will, shepherds the weak through the valley of darkness, for he is truly his brother’s keeper and the finder of lost children. And I will strike down upon thee with great vengeance and furious anger those who would attempt to poison and destroy my brothers. And you will know my name is the Lord when I lay my vengeance upon thee.

– Quentin Tarantino / Roger Avary, Pulp Fiction (1994)

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Friendly Fires @ Six Flags

Otra de las visitas más esperadas para este 2011 estuvo a cargo de Friendly Fires, banda originaria de Inglaterra y que vino a promocionar su más reciente producción discográfica titulada ‘Pala’, un álbum muy distinto a su anterior disco, más cercano al pop y a los sintetizadores, dejando a un lado los tonos rockeros y rítmicos que caracterizaron a su material homónimo del 2008.

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Diez años de Wikipedia

Jimmy Wales
Jimmy Wales, fundador de Wikipedia

Hace diez años Jimmy Wales, fundador de Wikipedia, imaginó una biblioteca virtual no sólo capaz de almacenar una cantidad infinita de información, sino que ésta fuera también alimentada por toda una comunidad de usuarios interesados por colaborar en el proyecto. Así surgió la enciclopedia virtual más grande del mundo, un portal gratuito, libre y accesible para todos.

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La revelación de Wikileaks

Es evidente la persecución mediática y policiaca que se ha desatado sobre la persona de Julian Assange debido a las filtraciones de información secreta del gobierno estadounidense. Pero también ha sido clara la presión ejercida por el gobierno de Obama sobre aquellas empresas que de alguna manera han prestado los servicios para mantener en línea el sitio Wikileaks, convirtiéndose en una guerra sucia cuyo objetivo es el de la censura como pocas veces se había visto en internet.

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Gran circo es esta ciudad

“Gran circo es esta ciudad” canta la Maldita Vecindad refiriéndose a un lugar donde todo y nada puede suceder, a la ciudad surrealista en donde la cotidianidad del ir y venir de los ciudadanos se convierte en una sola marea que todo lo absorbe, lo devora, lo ve y lo vuelve parte de su entorno sin siquiera discutir su procedencia, su razón de ser, su causa y su efecto; sin ser consciente de ello.

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Noche de Circo en el Zócalo

Durante diciembre del 2005 se realizó una noche de gala circense en el Zócalo de la ciudad de México. En ésta se reunieron diversos grupos de diferentes partes del mundo quienes sobre el escenario se dedicaron a dar un espectáculo, que más allá de las acrobacias y el acto de hacer reír al público, mostraron un rostro diferente de lo que el circo como forma artística representa.

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mejor lo escribo aquí